V- IVAN, EL TERRIBLE

Entonces Peralta no venía a la gira, nunca nada nos sale fácil.

Encontrar un reemplazo parecía tarea imposible. Cuando un grupo humano pasa más de una década tocando juntos (o haciendo juntos cualquier otra cosa) se llena de mañas, de manías, de códigos secretos, de chistes internos, de mensajes telepáticos, de vicios y de costumbres.

Santi, en el escenario, es nuestro jefe táctico: ordena el juego, marca los cortes, levanta la cabeza y cuando todo está andando se suelta y hace el gol. Y debajo del escenario es mi primer encuentro con la realidad cada vez que termino una canción, es quien me ayuda a convertir ideas en canciones de carne y hueso. No íbamos a poder tener todo eso en una sola persona. Eso estaba claro.

Durante algunas semanas la pasamos mal, pensando hasta marearnos en quién mierda podía sustituir a Santi. Básicamente repasamos todas las personas que conocemos que alguna vez tocaron una guitarra. En un momento nos pareció que teníamos un nombre, pero ese hombre no podía. El malhumor nos invadió al punto de que llegamos a plantearnos no hacer la gira. Esa idea sólo duró unos segundos, pero fueron unos segundos larguísimos

Eventualmente, luego de algunas semanas en los que el tema me tuvo intratable, llegamos a armar una lista de tres nombres posibles, uno propuesto por Andrés, y los otros dos por mí. La idea inicial era probar a los tres y después elegir. 

Pero el tiempo corría y un día tuve una revelación: Uno de ellos había suplantado a Marto en el bajo algunos meses atrás, así que conocía el repertorio. Eso nos ahorraba la primera parte del trabajo: que la forma de la canción esté guardada en las manos de quien va a tocarla.

Nuestras canciones tienen una sencillez un poco mentirosa, usan acordes harto habituales, pero alteran siempre el orden, o tienen distintas cantidad de vueltas por parte, o un corte inesperado; son canciones convencionales pero pobladas de trampas, de giros engañosos y de caprichos. Toda esa información se guarda más en el cuerpo que en la memoria, algunos le dicen memoria física o memoria de digitación. Yo digo que las canciones se guardan en las manos.

Había, empero, un detalle: el elegido no es guitarrista. Sí, en esta banda nos gustan los problemas. Y no dejamos que nos acobarden.

Así que estaba decidido: Ivan Krisman iba a colgarse una guitarra por primera vez y salir a jugar en el puesto más difícil de esta banda.

A Iván lo conocemos desde hace mucho. Ha formado parte de muchos proyectos de la escena local (aunque nunca como guitarrista). Por ejemplo: durante diez años fue el bajista de la Hermana Menor, mi banda favorita de esta parte del mundo. A mediados de 2015, cuando lo vi por primera vez al mando de Ivan & Los Terribles, su proyecto personal, me pareció que había un camino muy interesante por el que Iván caminaba con claridad.

Un tiempo después, la soñada noche en la que John Cale tocó en Montevideo, me lo crucé entre el público ni bien terminó el show y lleno de asombro por el concierto que habíamos visto le dije:

- Man, hay que repensar todo... todo.

- Vos tendrás que repensar todo, yo hace diez años que no miro en otra dirección.

- Ah, entonces me vas a tener que explicar lo que acabo de ver.

A la semana siguiente, Iván estaba en mi casa con varios discos de Cale a cuestas y con asombrosa claridad me explicó muchas cosas. Desde ese momento en adelante, sus visitas se hicieron frecuentes, compartimos música, y tímidamente comencé a mostrarle el material nuevo sobre el que estaba trabajando. Iván siempre tuvo una idea enriquecedora, una visión muy distinta a la mía que me ayuda a abrir el juego y me puebla de preguntas.

Lo dicho: nadie puede ocupar el lugar de Santi. Andrés, Marto y yo tendremos que ser mejores músicos en esta gira, sostener la canciones sobre nuestros hombros, dejar de lado nuestros vicios, escucharnos más y cambiar la comodidad de la costumbre por la emoción de la incertidumbre. En ese camino estamos, con sorpresas y sobre todo con el valor de este equipo y de sus canciones, que están por encima de nuestros caprichos.

Bienvenido Iván, que la antorcha te ilumine.