IV- NUESTRA CLASE FAVORITA DE PROBLEMAS

Durante el mes siguiente todo se complicó. El presupuesto de la gira, a pesar de la ayuda de los alemanes, era caro para nuestras posibilidades y no teníamos mucho tiempo para resolverlo. Además, ningún guitarrista parecía dar la talla de Peralta. Manejamos decenas de posibilidades para financiar el viaje: desde hacer una serie de shows para recaudar hasta poner un puesto de choripanes, pero los shows no iban a alcanzar para pagar todos los gastos y con el chori no se jode.

Finalmente decidimos que lo mejor era presentarnos, por primera vez, en Ibermúsicas, un programa de desarrollo para músicos de Iberoamérica que podía aportar fondos a esta causa. Con asombro, descubrimos que el grupo de gente que trabaja en ese proyecto en Uruguay se maneja muy profesionalmente y es perfectamente amable para explicar, ayudar e incluso alentar a quienes quieran presentarse. No es difícil y es una herramienta valiosa para poder desarrollar jugadas de este tamaño.

Nosotros nos habíamos manejado siempre por fuera del circuito de los fondos públicos, siempre nos pareció que si teníamos una banda para poder hacer lo que se nos cantaba, no valía pedirle plata al Estado. Todas las cosas cosas que hicimos hasta ahora se han financiado de nuestros bolsillos, de bolsillos de amigos, del bolsillo apenas más grande del sello discográfico y de bolsillos de todos los que, por alguna razón, consideraron que nuestra música vale lo suficiente como para comprar una entrada o un disco.

El asunto era que aún sumando todos esos bolsillos la gira resultaba imposible. Y por otra parte rechazar la invitación no era una posibilidad, porque se trataba de todo lo que habíamos estado esperando en el último tiempo. Luego de conversarlo entre nosotros y con algunos amigos (si no la ganan ustedes se la dan a otra banda, no a una escuela, dejense de joder), nos tragamos el orgullo y presentamos el proyecto más serio que podíamos, porque eso, presentar un proyecto serio, era la única forma de no sentir que estábamos de vivos. Dos meses después nos avisaron que habíamos quedado seleccionados. Ese monto, sumado a lo que ya teníamos, alcanzaba para pagar los pasajes que nos llevarían a Europa.

Ahora solo nos faltaba un guitarrista y que la banda llegara a la gira a punto. Nuestra clase favorita de problemas.