III- ¿AHORA QUÉ HACEMOS?

El 30 de julio de 2016, a las 11:08,  Sascha me escribió:

"Hola Hermano,

this is our german tour next jan/feb

We would like Eté y los Problems to come over and play this tour with us!!!"

 

La propuesta era simple: nosotros nos encargábamos de llegar a Alemania y ellos se encargaban de todo lo demás. Sonaba fácil, pero nada es fácil en este camino. Había que conseguir el dinero para viajar. Como fuera, lo íbamos a resolver; pero teníamos que resolverlo.

Cuando llegué al ensayo, empecé a contarle todo al resto de la banda: trece conciertos, invierno alemán, gira europea. Por algunos minutos todo fue alegría, la cara de Andrés valía un millón de euros, Marto hablaba de lo lindo que es allá, hasta que empecé a pasar las fechas y vi una sombra en la cara de Santiago. No sé si lo demás lo notaron, nunca lo hablamos, yo la vi, entendí todo y no dije nada. Volvimos a los instrumentos, a preparar los conciertos de Argentina y Uruguay que nos esperaban.

Un par de semanas antes, Santi nos había contado, con una clase de felicidad que nunca le había visto (y hace once años que estamos juntos), que Laura, nuestra hermana y su amor, estaba embarazada. Todos nos pusimos muy muy contentos con la noticia, el primer embarazo de esta manada es algo sagrado, Luisa Peralta Gutman será la hermana mayor de los que vengan atrás, la niña mimada este grupo de humanos.

Al otro día lo llamé a Santi, teníamos que hablar. Yo había entendido la sombra en su mirada: la niña en camino ponía en riesgo su presencia en la gira. Eté y Los Problems existe desde hace más de diez años, y todas y cada una de las veces que tocamos, Santi, Andrés y yo fuimos de la partida. Hemos compartido esta banda con más gente, pero nosotros tres nunca faltamos. Sin alguno de los tres, el asunto parece imposible. Somos un hábito. La sola idea de que Peralta no estuviera en la gira nos aterró.

Siguieron algunas semanas de charlas, de ver si podíamos acomodar las fechas, de tratar de inventar algo para no romper el triángulo. Finalmente, una tarde porteña, tirados en un hostel luego de probar sonido en el Salón Pueyrredón, Peralta (que además es mi compañero de habitación en los viajes) me dijo sin mirarme que no iba a poder venir. 

Nos quedamos en silencio, mirando al vacío. No había nada que decir: ambos sabíamos que aquello era lo correcto, que de hecho era la única opción, pero el golpe dejó un silencio que no podíamos atravesar. Yo estaba enojado, triste, y un poco perdido. ¿Qué mierda íbamos a hacer sin Santi? ¿Cuándo le decíamos al resto?, no hubo tiempo para respuestas, llegaron a buscarnos, nos fuimos a tocar.

Esa noche, luego del show, en el segundo camarín del Salón, una cocina donde se cuecen habas, mamados y contentos por haber hecho un gran show, nos abrazamos emocionados, nos dijimos las cosas que necesitábamos y aplastamos el silencio con la fuerza de dos camaradas que han caminado un camino largo juntos, unidos por un lazo que es fuerte y aguanta.

Luisa, te estamos esperando.